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Santa María de Guadalupe Mayo-Junio 2007  
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Crónica del Camino

De madrugada, como si desbocado hubiera sido soltado de sus silos, arreciaba el viento huracanado sobre los muros del convento. Un pentecostés agreste y recio, que se filtraba por las rendijas de las ventanas, despabilando al vigía antes del canto de los gallos. Este primer día del Capítulo provincial es el de los estrenos y la horma del horario. Celebra el presidente en la basílica, e invocamos juntos las luces del Espíritu, viento y llamarada, antes de abrir en el Aula los trabajos.

Todo va a transcurrir entre estas cuatro paredes artesonadas del Salón del mudéjar, pues andan los alarifes por el tejado de la librería. ¡Qué sugestivamente conciliar resulta la entronización del códice de las Escrituras! Me mandan leer ante la gran asamblea la patente por la que el Ministro general nombra Visitador y Presidente del Capítulo a frei José Pereira das Neves; leo el mensaje que el propio sucesor de san Francisco dirige a los capitulares; leo la nómina de los convocados… A la furia desatada de los vientos, le han puesto jáquima treinta y siete frailes con ganas de brega. Al punto, ya tenemos escrutadores de los Plenarios ordinarios: los dos frailes más nuevos, como reza la costumbre centenaria de la Bética; enseguida, los dos moderadores: Joaquínpelayo y Guillermocerrato. Después del refrigerio matutino, llega la presentación del Informe del Visitador general. Lo hace en la lengua de Camoes y Pessoa, la dulce lengua lusa que tan fraterna suena a este lado de la raia. Y dulce le acompañan los obrigados y las réplicas en la Legua Española, con acentos del sur, por informe tan sugestivo, tan hondo, tan valiente.

El Informe del Ministro provincial, fray Francisco García Rodríguez, va por la tarde. Denso y luengo, minucioso y detallado, como el dueño de los apuntes y la estadística. Le sigue un turno de preguntas, de réplicas y otras perspectivas desde las cuales miran la geografía de la Bética, que ha gobernado un sexenio. Ciento siete frailes, diecisiete fraternidades, pocas vocaciones, envejecimiento progresivo… El futuro es de los arriesgados y de los que miran de frente el hosco cierzo, y esperan un milagro de la primavera.

La tarde, rubia y cálida, ha vencido al fiero amanecer. Al viento sucede el fuego de la oración vespertina y el descanso.

Antonio Arévalo.
 
 

 

Palabras de ida y vuelta  
 
 
 
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